Ni cansada de mi bolso ni de la vida

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En el final de Anna Karenina vemos como se tira a las vías del tren previamente arrojando su bolso de terciopelo, cansada de luchar claudica adoptando una actitud de derrota ante la vida. El acto para cualquier mujer de desprenderse de su bolso es algo inusual y obligado vamos; como aquel noviete que para montar en su motillo pedía no portar más que unos altísimos tacones para subir detrás y agarrarle de la cintura, excusas. Los bolsos contienen nuestros recuerdos, una prolongación de nuestra parte más íntima llena de olores y secretos su historia empieza asi…
No existe datación alguna para el nacimiento del bolso pero afirmo que el primero debieron ser unas pieles atadas a una estaca. El más antiguo que he visto es una bolsa de Escita, data del s.V se llevaba atada a la cintura; desde la antigua roma hasta el s.XIII daban uso a un pequeño saco atado por un cordón en forma de cierre. Más tarde un armazón metálico haría cambiar notablemente su aspecto pero a pesar de ello hombres y mujeres llevarían similares modelos atados a la cintura dando así una imagen de elegancia. Fueron las limosneras los primeros monederos dignos de la burguesía del s.XV; su pequeño tamaño era referente del nivel social del propietario, con lo cual los bolsos y bandoleras grandes las utilizaban labriegos. En siglos posteriores y con el aumento del volumen en la vestimentas las mujeres dieron utilidad variopinta a pliegues, manguitos y mangas para ocultar objetos y correos, dando lugar al espionaje en la corte. Acabaron en bolsillos sin coser bajo el miriñaque a ambos costados, adaptándolos perfectamente cosidos al pantalón de los hombres. A partir de aquí París pondría de moda los primeros bolsillos exteriores llamados “retículas” ridiculizadas por la prensa los rebautizaron como “ridículos”, a estos se les puso un cordón y se les llevaba de la mano. El s. XVIII convertiría el bolso en algo imprescindible para cualquier mujer dejando al hombre con las manos en los bolsillos. La imperiosa necesidad de viajar motivó a los fabricantes a confeccionar bolsas de mayor tamaño y resistencia, nacerían las maletas de mano con cierre y llave. Los hombres que llevaban el abanico o el dinero de la mujer se sintieron desplazados por bolsos más prácticos que no se quejaban al salir de compras. Comenzó un camino hacia la emancipación de la mujer y su carrera hacia los estudios, el derecho al voto y la libertad intelectual.

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