25N “Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”

ELLA: No entiendo qué ha pasado?! -I don’t understand what happened to you?!
EL: Alguna vez tenía que ser la primera. – Ever had to be the first.

‎”This is my body. Don´t raping, don´t touching, don´t killing.”

Sisley&Benetton

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Presentación de la temporada Spring/Summer’12 en Galería Gloria, Madrid. Una transformación del sitio espectacular, música, catering y una colección llena de frescura.

Chantelle: una mirada al pasado

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“PERFECTO” 2nd Skin II

Corrían los años ’20 para los moteros cabalgando legendarias Norton, BSA, Triumph, Vincent haciéndose dueños de las carreteras. En 1903 en Milwaukee, Wisconsin dos vividores llamados William Harley y Arthur Davidson diseñaron la mítica primera mocicleta Harley Davidson principal rival de la “Indian” extinta en los años ’50. Harley-Davidson tomó las calles de Philadelphia en 1904 con los guardias de tráfico, para más tarde darle uso los aficionados como un deporte a practicar los fines de semana. Llevar una moto de estas características precisaba de una indumentaria específica compuesta por una chaqueta (muy similar a la utilizada por los aviadores), guantes, botas y protectores de piel.

La chaqueta tres cuartos con cinturón les protegía del frío o el mal tiempo, necesitaban prendas muy resistentes hechas de piel de caballo, cerdo u oveja, cambiándolas por otras más ligeras en época estival. Más tarde aparecerían los pantalones de piel sustitutos de los inmortales jeans. Muchos moteros cayeron en accidentes sin llegar a contarlo pues unicamente utilizaban un ridículo gorro de piel de becerro como protector del viento, hechos que conllevarían a la aparición del primer casco rígido a finales de los años ’40, al mismo tiempo Harley Davidson diseñó la primera chaqueta motera femenina.

USA fue pionera confeccionando dicha indumentaria motera a pesar de las excelentes versiones realizadas en Europa que hacían especial hincapié en la protección de la lluvia, poniéndose por delante en equipamientos para conductores. Subieron las ventas en las afamadas tiendas Dunhill y Harrods exclusivas en este tipo indumentaria. Pero la fortuna tocó en la puerta del fabricante Lewis Leathers con sus chaquetas roqueras, presionado por la popularidad abrió tienda en 1899 Lewis Taylor & Sons donde ocasionalmente diseñaría chaquetas para carretera. 25 años más tarde Barbour y Belstaff diseñarían prendas especialmente creadas para la protección del agua y transpirables. Tan satisfechos estaban los consumidores que llegó a oídos del Che Guevara la calidad de tales prendas y encargó a Belstaff confeccionar una chaqueta de lona ligera y resistente al agua para la conducción de su moto en Sur América. Comenzaron a hacerlas en piel a partir de los años ’30 con todos sus accesorios mas variopintos como las actuales messenger masculinas.

En 1943 se creó la famosa “Black Prince” legendaria chaqueta para ir en moto y comprada por 40.000 fans anualmente durante más de cuarenta años. Entre los años ’20 y ’30 USA dio rienda suelta a la imaginación fabricando cualquier prenda o accesorio imprescindible y genuino para el total look motero. Marcas como Vanson, Langlitz Leathers, Buco, Trojan, Sears, Leatherstogs, Hercules, Montgomery Ward y la emblemática Schott con su chaqueta “Perfecto” icono por excelencia de los consumados moteros e irremplazable actualmente. Esta chaqueta se hizo imprescindible para pilotos y aviadores, e incluso Levi Strauss diseñó su primera chaqueta de piel para trabajadores y policias de tráfico durante los años ’30 y ’70 a partir de su aparición.

Los Ángeles del Infierno es una banda de puristas que viven para y por una fidelidad absoluta al credo de la carretera en una Harley. Se desplazan en grupos por USA como aves migratorias constantes y customizan sus chaquetas mostrando el camino realizado; una calavera con casco alado y la ciudad de origen del motero simbolizan junto a sus tatuajes bordados la insigne carrera de un motero.

Hollywood se abanderó como símbolo de libertad y aventura con looks suavizados para niñatos en películas como The Wild Angels (1966) y The Wild One (1953).

Aquí tenéis dos muestras de una actualizada “Perfecto” por Schott y la versionada por Belstaff que podréis conseguir esta temporada O’11/I’12 en las tiendas.

Algo fetichista pero resultó efectivo fue la copia que hicieron los Hard Rockers y Punks del genuino look de los Ángeles del Infierno, adaptándolo a una tendencia más agresiva y dura de aspecto. Grupos como Led Zeppelin, Judas Priest, Metallica y cantantes como Martha Hunt o Alice Cooper vistieron de cuero creando nuevas tendencias que seguirán vigentes hoy en día.

Personalmente me encanta llevar la “Perfecto” con una camiseta blanca de tirantes, un slip y mis botas moteras Sendra, ya sabéis… un plan perfecto 😉

No se hacer otra cosa


“Es bueno amar tantas cosas como se pueda; ahí radica la verdadera fuerza; quien ama mucho, hace mucho, puede mucho, y lo que se hace con amor está bien hecho” Vincent Van Gogh.

“Nada que temer ni que esperar: ni temer lo que se espera ni esperar lo que se teme. A ese lector futuro le llegará nuestra voz como llega a nosotros la luz de las estrellas muertas” Andrés Trapiello.

Amo mi trabajo, cada minuto vivido no lo cambio por nada. Eso me llevo lejos amando siempre momentos hermosos y amargos. Mi historia, un nuevo comienzo.

Just “PERFECTO” I

Corría el año 1968, Peter Fonda rodaba Easy Rider con su mítica chaqueta de piel símbolo de rebeldía, incluso él conducía su vida bajo la ley sin saber porqué, pero sentía asco de políticos y leyes. Todo comenzó una calurosa tarde del 4 de julio de 1947, los asombrados habitantes de la pequeña ciudad de Hollister-California aterrados por el estruendo causado por una banda de moteros lo recordarían para siempre. Allí se celebró un fiesta llevada a extremos insospechados, las papelinas de ala de mosca dejó secos y roncos gaznates sedientos de más alcohol que combinados con anfetaminas provocaron el terror según transcurría aquel infernal día. Un espabilado reportero free-lance de la revista Life inmortalizó con su cámara aquella desenfrenada fiesta para reflejar “el fenómeno del uniforme” utilizado por estos bad boys que llegaría hasta nuestros días.

TO BE CONTINUED-

El Resultado

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Texto de Pedro Vallín
Fotos de Francis Tsang
Estilismo Sylvia Pló
Maquillaje y peluquería B. Matallana
Asistente de fotografía Cristina Candel

Hay tantos relatos, tantas lecturas posibles y tantas referencias pertinentes –literarias, cinematográficas, incluso psicológicas– en la nueva película de Pedro Almodóvar, La piel que habito, que para el espectador quedarse con una película, que antes que una historia es un tratado, representa algo a medio camino entre un desafío y un juego intelectual. Por lo menos fue así para sus actores protagonistas,

Antonio Banderas y Elena Anaya, que ofrecen su rostro y mañas a las heterodoxas y atormentadas criaturas salidas de la cabeza del manchego, lejanamente inspiradas en la novela Tarántula (1995), de Thierry Jonquet. Ambos tuvieron que someter sus destrezas a los dictados de un director riguroso, exuberante y detallista que exige de cada actor que se convierta en una vasija en la que verter los martirios, secretos y aberrantes ambiciones con los que, a menudo, adorna sus creaciones.

Para el actor malagueño, que da vida al cirujano Robert Ledgard, este no podía ser un rodaje más. Volvía a trabajar con Almodóvar 21 años después de su último encuentro, la muy premiada Átame (1990), quizá la película que más impulsó el prestigio internacional del actor. Ahora, el sexto film de Almodóvar y Banderas juntos –además de las citadas, Laberinto de pasiones (1982), Matador (1986), La ley del deseo (1987) y Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)– reúne a dos tipos maduros en más de un sentido y que han tenido tiempo de crecer por separado haciéndose ambos un nombre propio en la cinematografía mundial. No tenía por qué ser fácil.

“La dificultad para mí estribó en que la tendencia natural de un actor cuando encuentra un personaje como este (como dicen los americanos, ‘más grande que la vida’) es llevarlo a un territorio donde puedas mostrar tus zonas más histriónicas, donde puedas exhibir músculos de actor y hacer una interpretación caligulesca. Y Pedro, inmediatamente, en cuanto me vio en los ensayos, me dijo: ‘No, no, no, Antonio; tenemos que agarrar el caballo y retenerlo por completo, tenemos que hacerlo de una forma más minimalista, más sutil, y que todo resulte más contenido’.
Y eso para mí fue una dificultad, no tanto por hacer lo que me pedía, que era relativamente fácil, sino por un problema ideológico: a mí me atormentaba la posibilidad de que el personaje quedase demasiado plano. Sin embargo, hubo un momento, que coincidió con el final de los ensayos y el inicio del rodaje, en el que tuve que tomar una determinación. Y decidí abandonarme en manos de la persona que respeto, que admiro y que quiero, porque ya son treinta años de trabajo, ¡y Pedro es mi amigo, joder!”.

Pese a esa determinación, las dudas no abandonaron a Antonio Banderas durante el rodaje, pero asumió la decisión adoptada y actuó en consecuencia. “¿Me lo seguí planteando durante el rodaje? Sí, siempre me quedaba esa sensación de que podía resultar plano”. El debate sobre cuál era el enfoque adecuado para Robert Ledgard acompañó al actor en silencio durante los tres meses de filmación y no se resolvió hasta el día del estreno en el festival de Cannes –a pesar de que no fue un rodaje complicado, “compuse mi personaje en una media de tres o cuatro tomas, no repetimos mucho”, explica.

Banderas ya había visto la película en un pase previo, pero “esa primera vez fue lo mismo de siempre: sólo te ves a ti, todo el rato piensas en por qué no está la toma dos y está la tres, eres incapaz de contemplarte, no ya con relación a los otros, ni siquiera con relación a la historia.

Siempre la misma mierda –son ya 81 películas– en el primer pase”, explica. La segunda vez, ya en Cannes, “estaba relajado y pude ver de verdad la película. De repente me di cuenta de que Pedro tenía razón, que había logrado que el instrumento que soy,en tanto que actor, emitiera una nota que yo no sabía que tenía”. Y se quedó muy tranquilo.

“Esa es un poco la clave de trabajar con Pedro, hay que seguirle, porque te lleva por caminos que, como actor, no llegas a entender únicamente leyendo el guión”. Habla ahora Elena Anaya, Vera en La piel que habito, personaje en torno al cual giran los misterios de esta película que nunca acaba de ser lo que parece. Para ella, ese traumático primer pase del que habla Banderas lo fue menos.

“Me suele costar mucho verme, la primera, la segunda, la tercera vez, porque me quedo en la crítica. A veces, no entro en la historia, me pregunto: ‘¿Cómo han podido montar la película así?’, me pongo muy crítica conmigo y muy machacona y, por eso, suelo avisar y pido que no juzguen mi reacción, porque realmente me resulta muy difícil sentarme ahí y verme todo el rato. Y avisé, avisé a todos cuando llegué al pase que hizo Pedro para los actores. Pero, algo curioso, creo que solté muchas cosas que llevaba dentro desde hacía mucho tiempo, y me emocioné con lo que veía, casi desde el principio, fue una emoción muy hermosa. Disfruté mucho ese primer pase, algo que me ha ocurrido muy pocas veces”, explica la actriz palentina.

“Los guiones, para mí, terminan de configurarse en la cabeza del director, y ahí no puedes acceder salvo escuchando lo que esa persona sabe y conoce de su historia. Y Pedro, en este caso, nos ha guiado por lugares muy medidos y muy concretos”. Era la segunda vez que Anaya recibía la llamada de Almodóvar –interpretó a Ángela en Hable con ella (2002)–, pero esta vez, la oferta era para un papel protagonista. “Él sabe qué siente cada personaje en cada instante, cuáles son sus sueños y sus frustraciones, lo registra paso por paso. A la hora de ensayar cada una de las escenas, ves que ha hecho un profundo análisis previo, como buen autor. Después de todo, él ha escrito todas sus obras: sabe qué es lo que quiere siempre de cada uno de los actores”.

Anaya tuvo menos dificultades para dar por bueno el tono que Pedro requería para su personaje porque se entregó desde el principio. “Cuando te enfrentas a un personaje así, te surgen muchísimas preguntas, dudas sobre su naturaleza o sus sentimientos. Pero yo ya tenía todas las respuestas. Las traía de los ensayos y de estar con Pedro: en la primera charla me contó la película de arriba abajo y la entendí, creo que a la perfección, o por lo menos es la sensación que yo tuve. No me ha resultado difícil ni hacer el personaje ni comprenderlo, porque he tenido un maestro a mi lado”.

Antonio le da la razón en parte: “Yo podía haber hecho otro tipo de interpretación, una más espectacular, podría haber resultado en una actuación brillante que no coincidiera con la idea de Pedro sobre la película. Y ojo, cuando Pedro tiene una idea, la tiene. No deambula, no duda, es muy seguro, es increíblemente seguro. En eso no ha cambiado en nada desde los años 80, es de una certidumbre total. Se puede equivocar, claro, como todos, pero va siempre a tiro hecho”.

A pesar de que la película toca de soslayo arquetipos clásicos y modernos, Anaya y Banderas coincidieron en buscar en el verismo las claves de sus sosías ficticios. El actor malagueño cree que esa es la respuesta a la pregunta que lo hostigaba durante los ensayos: “Pedro acertó, y su decisión era correcta por la definición del personaje y su relación con la psicopatía. Estamos acostumbrados a ver las noticias sobre asesinos en serie o tipos como el austriaco Joseph Fritzl, el monstruo de Amstetten: suelen ser gente elegante, atildada, que ayuda a las viejas a cruzar la calle y va a misa los domingos… Luego resulta que tiene doce personas en un refrigerador, o cosas así”.

Elena Anaya también buscó una referencia apoyada en el mundo real y, casualidad o no, también la localizó en Austria, en su caso en el libro autobiográfico de Natascha Kampusch, la joven que huyó de su captor, Wolfgang Priklopil, tras ocho años de secuestro. “Hay muchas cosas de su libro que me recordaban el guión. Por ejemplo, que le afeitara la cabeza, que fuera su esclava, que la hiciera pasearse por la casa y hacer cosas… Me di cuenta de que hay más horror en la realidad de lo que un autor puede llegar a imaginarse al inventar una historia aterradora como esta”.

Entre los personajes de Robert y Vera hay química en un sentido figurado pero, sobre todo, en un sentido literal: los químicos anestésicos y los tejidos artificiales con los que el cirujano Ledgard crea su obra maestra. “Podemos decir que la película trata sobre la hipocresía, la banalidad de las apariencias”, añade Banderas, “pero en realidad yo creo que de lo que está hablando Pedro es de la creación y de la creación artística: la pasión es un tema muy habitual de sus películas, una pasión que llevada a un extremo se convierte en psicopatía, en este caso una pasión aberrante”.

Elena Anaya va un poco más lejos y regala una flor a su compañero: “Eso es lo bueno que tiene la ficción, que ese ser abominable, egoísta y destructivo, no sé qué calificativo ponerle, un hombre feroz, es todo lo contrario que Antonio. Me hacía salir cada día de rodaje llena de cosas que él me daba, e hizo que fuera muy grato rodar una película como esta. Cada día era un disfrute”. Había otro motivo de alegría para la actriz: “No sé, yo he sentido que Pedro estaba muy contento en el rodaje, muy optimista, con muy buen humor, y el humor del director es el que marca siempre la energía del equipo y del rodaje. Han sido muchos meses, y podía haber resultado un rodaje tan terrorífico como la película, pero fue una experiencia muy hermosa”.

En cambio, las declaraciones de Banderas –las que han leído aquí y otras similares– han desatado especulaciones sobre un rodaje tenso, poco menos que a cara de perro. El actor menciona el asunto sin que medie pregunta: “Hay gente que va diciendo por ahí que Pedro y yo nos peleamos y que no nos habíamos entendido. No es verdad. Lo que pasa que yo no voy a rodar como si fuera a un cámping, tío. Vamos a fajarnos, eso es lo bonito. A Pedro, si hay algo que no le gusta es que los actores vengamos con una maleta llena de cosas, y entre ellas, un montón de trucos, algunos muy creíbles porque los tienes ya muy experimentados y los ejecutas muy bien. Pedro te agarra la maleta el primer día de los ensayos, abre la ventana y la manda a tomar por el saco. Él sabe, y tiene mucha razón, que lo que pasa es que duele, que la creación está en la inseguridad, en no usar lo ya sabido, está en la experimentación y en que te rompan, pero es que es muy doloroso.

De esto he hablado mucho con Laura Linney. Ella me decía que cuando te sientes muy seguro en una película, no estás trabajando, puedes pasártelo bien y creer que estás haciendo algo importante, pero es darle la vuelta a una manivela. Pedro nunca te permite hacerlo y por eso hay actores que no lo aguantan, les resulta extremadamente violento, se sienten desnudos como la primera vez que se subieron a un escenario”.

El resultado es una película que también habla del cine y del trabajo con los actores. De algún modo, el cirujano Robert Ledgard es una versión fáustica del propio Almodóvar, y su creación suprema, Vera, puede interpretarse como una relectura de esa exigencia del director manchego de hallar en cada actor un contenedor vacío y maleable en el que verter cuanto el espectador irá hallando en su camino. “Mucha gente me decía estos días que Pedro ha dado un salto hacia un lugar distinto, y yo la sensación que tenía es que, después de estos 22 años, sí, efectivamente se han producido algunos cambios en él, se ha vuelto quizá más complejo, más profundo, más serio en los contenidos y mucho más minimalista, más austero en las formas. Pero en el fondo creo que es una película muy suya en un sentido muy puro: eclecticismo por un tubo, mezcla de géneros, la sensación de que estás en algo shakespeariano y de repente saltas a un folletín mexicano…, en ese rango de posibilidades se mueve Pedro. Y, de hecho, si buceas en las reacciones que está provocando la película, las cosas que se escuchan no son distintas de las que se oían cuando se estrenaban Matador o La ley del deseo…

No creo que sea premeditado, como nunca he creído que fuera premeditado en él ser un provocador. Entiende la realidad de esa manera y la expresa como la entiende, para él eso no es revolucionario ni escandaloso. Que después provoque escándalo, pues bueno, él es así. Lo que quiero decir es que esta película es más Almodóvar que Almodóvar”.

Información
Datch 913-100-625D&G 917-810-910Emporio Armani 915-762-042 Giorgio Armani 915-761-036 Moschino 913-086-922 Red Valentino 913-086-922 Úrsula Mascaró 971-374-500
Localización Espacio Atocha 24, cedido por Tritón Capital (902-024-500 y http://www.tritoncapital.es) Mobiliario cedido por L.A. Studio (www.lastudio.es)

El Magazine

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Nunca pensé que esto podría pasar pero así fue: recibí un mail muy escueto ofreciéndome un trabajo de bajo presupuesto y en sábado. Lo acepté sin saber a quien vestiría y bueno, para mi sorpresa Antonio Banderas y Elena Anaya estarían durante cuatro horas con el equipo del Magazine de La Vanguardia en un reportaje entrevistado por su film “La piel que habito” de Almodóvar. Sólo puedo decir que Antonio fue entrañable, me hizo muy fácil el trabajo. Puedo afirmar que está donde está por su hacer, con una personalidad y profesionalidad inagotables; Elena bellísima ya la conocía y no defraudó. Dirigidos por el fotógrafo Francis Tsang y maquillaje de B. Matallana el resultado lo podremos ver el próximo domingo 28. Vean y juzguen, la bella y la bestia extraordinaria combinación. Os deseo mucha mierda amigos.

Haute Couture&Haute Cuisine

El origen de la industria del sector de la moda dio comienzo en París en 1.670. Desde allí se dirigían las tendencias y dictaban las líneas de la siguiente temporada coincidiendo con la creciente demanda que exigían elegantes vestimentas en Versalles. Entraron en la “era de la comercialización”. En la corte de Luis XIV creció la demanda de prendas distinguidas haciendo que Versalles transformara el buen vestir la elegancia en couture .

Casi paralelamente, diecinueve años antes en 1.651 se publicó el primer libro de cocina, Francoise Pierre tomando el nombre de un ilustre cocinero de Enrique IV, La Varenne, firmó el libro y lo tituló le cousinier française. Se inició en aquel entonces el mundo gobernado por el criterio de la Guía Michellin-GaultMillau. Donde reputados chefs se debaten actualmente entre la vida y la muerte por una estrella adjudicada como máxima distinción. Loiseau, el famoso chef y propietario de La Còte d’Or no pudo con tanta presión y el 24 de febrero de 2.002 se suicidó; así opinaban sus compañeros de profesión: Il avait des soucis, estaba preocupado. La Varenne impulsó un nueva ciencia: la gastronomía. A mediados del s.XVII el refinamiento y la elegancia primarían como símbolo de un país Francia, creando las nuevas tendencias francesas imitadas en el mundo entero.

La comida y la vestimenta ya no eran una necesidad, eran sofisticación. Por fin, nació el haute couture y la haute cuisine francesa esta última denominada en 1.750 como la cuisine francese. Francia adoctrinó durante tres siglos y medio el mundo culinario; la mode y la haute cuisine de la mano se considerarían algo inherente e indisociable de dicho país. Todos los países querían emular las tendencias parisinas, las mujeres viajaban incasablemente para adquirir lo último de la capital del estilo. Una perpetua búsqueda de elegancia y belleza pues los primeros fashion victim no se permitían repetir look más de tres veces. El ansia por estar a la moda dio lugar a un crecimiento constante en la industria, obligando a diseñadores estelares a crear cada temporada nuevos diseños.

A finales del s.XVII las couturières aspiraban como hoy en día a alcanzar la comodidad en los vestidos de mujer sin dejar de lado el refinamiento en sus creaciones. Francia atravesó un periodo fértil en todos los ámbitos de creación y los diseñadores se sumaron a ello. Pero la revolución en la mode más vanguardista del momento la realizó la duquesa de Berry, convocando en su casa a las figuras más destacadas del mundo de la elegancia; sastres y modistas reputados se dieron cita una noche en la intimidad de la corte. Planearon minuciosamente las nuevas tendencias, el golpe de Estado a la moda dio origen a las cortesanas francesas. En julio de 1.715 la realeza sucumbió a los nuevos diseños para que sus princesas los lucieran sin dilación.

La couture o haute couture de la época se definiría por el hand made y a medida, canon imprescindible en la actualidad para pertenecer a la élite entre otras premisas y que desvelaré más adelante. Exclusividad en tejidos, colores y diseños, el último grito al lujo. En realidad, en 1.670 era lo único que existía todo se hacía a medida y a gusto del consumidor. De ahí que muchos diseñadores se inspiren haciendo un remind en sus creaciones actuales gracias a ilustraciones aún conservadas.

El hecho de salir de compras fueron todo ventajas: después de una jornada de compras hombres y mujeres se reunían en cafés, posadas, cabarés (actuales bares) o en chez le traiteur, en éste último se dejaban ver comiendo los nobles. Almorzar en público y salir de compras sería un entretenimiento más. Desde aquella famosa reunión nocturna emergió la mode como concepto de imagen, la cual nos persigue hasta nuestros días provocando un continua curiosidad cada temporada por saber lo que se lleva y lo que está obsoleto, como combinar colores, prendas y accesorios y donde conseguirlas.

Antes de mediados del s.XVII los diseños fueron exclusivos de la realeza insultantemente rica. Los bastos tejidos hilados a mano y el pobre colorido quedaron atrás gracias a la industria francesa de la moda y la competitividad, reduciendo distancias sociales y geográficas. La rue Saint-Honoré reunía y reúne a las damas más elegantes siendo referente comercial de la moda dando modistas como: madame Villaneuve en Place des Victories; madame Rémond y madame Prévot cerca de la rue des Petits-Champs; y madame Charpentier en la rue Montorgueil, todas ellas fueron las creadoras de un estilo exclusivo exquisito: la moda francesa. Igualmente Massialot innovó creando en repostería la crème brùlée o la crème de chocolat durante la segunda mitad del s.XVII.

A finales del s.XIX el primer modisto británico, Frederick Worth inauguraría la primera maison de couture de París. Tras su éxito las couturières perdieron terreno y los modistos se posicionaron como creadores de la moda.

Todos estos paralelismos y sincronías en el tiempo confluyen en una extensa “era histórica” caracterizada por la gran innovación en las formas de vida y de cultura franceses en el mundo. Una época dorada, fructífera, generosa e irrepetible que nos colma en la actualidad nuestra sed de saber. Recuerdo la famosa frase: todo está ya creado sólo hay variantes; me hace discrepar seguir apostando por el ser humano y su ilimitada gana de abrir nuevos caminos, como la inauguración de un nuevo amanecer cada día estaré esperando.

Loewe’s Butterflies

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Desde febrero de 2008 Stuart Vevers tomó la dirección creativa de la casa Loewe, realizando de propia mano desde los diseños, catálogos, presentaciones y escaparates. Siempre a la vanguardia, sorprendiendo en el cómo crea y recrea todo lo que toca. Os dejo una muestra del nuevo escaparate de la calle Serrano para que admiréis como yo lo hago su ilimitada creatividad. Las mariposas están hechas de materiales reciclados y recogidos del campo, transformados en bellas esculturas que quizás aunque no son perfectas para mi sí lo son por concepto y derecho.